...PARA COMERTE MEJOR.. Alejandro Jiménez Taboada

   Ni mas ni menos como en el cuento de Caperucita Roja, en donde el lobo mañoso y feroz se disfraza de la abuelita, con el fin de engullirse a la indefensa niña, reaparece en el escenario Sudcaliforniano “Paredones Amarillos”.  Pero en esta segunda ocasión con un nuevo look, anteponiendo al nombre original el de “Concordia”.  ¡ Pero por Dios que imaginación!. Para ser mas convincentes, según ellos y así lograr que el mentado proyecto se apruebe, a pesar de que unos meses atrás, la población lo rechazó y las autoridades competentes avalaron su sentir y uno se pregunta ¿ A que se debe tanta animosidad   para intentarlo de nuevo, además de su avidez por el oro ? ¿ Será la facilidad con que a las empresas mineras nacionales y extranjeras se les abren las puertas para operar en nuestro país, no obstante las implicaciones negativas que por lo general conlleva esta actividad? Ya en su primera arremetida para que se aprobara el proyecto, se valieron de un Estudio de Impacto Ambiental que se aprobó en 1997, bajo condiciones diferentes a las actuales y costeado  por otra empresa minera, a la que “Paredones Amarillos” compró las concesiones en su haber en ese giro, dando lugar con ello a la sospecha de incurrir en falta de ética y recientemente en medios de comunicación, vemos que se da difusión a la opinión vertida a favor del proyecto en cuestión por alguno que otro investigador, que se supone debe saber sobre la temática y resulta, por comentarios externados en ese medio que se cuestiona el supuesto conocimiento. Dice el adagio popular “Piensa mal y acertarás”. Habría que ahondar en como se  dan esos “espontáneos respaldos”. Pero en tanto, dada la gravedad de lo que está en juego, debemos tener muy presente el camino andado, que hizo posible truncar sus intenciones y que fue la unión  de la gente, como resultado de la toma de consciencia en torno a causas basadas en la procuración del bien común, como en este caso es, proteger nuestras áreas naturales de los embates de la codicia. Y todo esto me hace recordar el comentario de un exitoso filósofo contemporáneo, de origen alemán que dice que se requirió de una gran inteligencia para lograr dividir el átomo, pero también se necesita tener una inteligencia muy estúpida, para aplicar tal conocimiento como se ha venido haciendo. Esto en alusión a la fabricación de armas nucleares, que por su cantidad y potencial demoledor, tienen la capacidad de destruir nuestro planeta, no una sino muchas veces.

   Sabemos por lo antes dicho que a los promotores del cuestionado proyecto, no les importa la opinión que la población tiene al respecto.  Ellos quieren a toda costa extraer el oro de las entrañas de la Sierra de la Laguna y de donde sea; así depreden y contaminen recursos naturales que, para los que vivimos  y van a vivir en BCS son vitales, y agregaría que también para nuestro país y el mundo, por formar parte de “La Red de la Vida”. Término que se acuñó, como resultado de conocimientos que apenas empezamos a escudriñar y que nos están revelando una interdependencia entre todo lo existente,  Por consiguiente, para evitar mayores daños, mucho ayuda reconocer y difundir la verdad sobre todas esas actividades humanas que, con la justificación y pretexto de generar empleos y progreso, en los hechos nos están precipitando hacia la autodestrucción, por los recursos de que echan mano, inspirados en la idea de que el fin, que en este asunto es el dinero, justifica los medios, y mucho han contribuido en tal sentido la industria metalúrgica, la petroquímica y otras. Ahí tienen lo acaecido recientemente en Hungría y en el Golfo de México meses atrás.

   Por fortuna ya hay otros caminos para que podamos desarrollarnos y progresar, contenidos en el   concepto denominado Desarrollo Sustentable, mismo que reduce a su mínima expresión, los efectos dañinos del comportamiento humano en tal tenor y que si no tiene el impulso y aceptación que merece, se debe a los obstáculos que enfrenta, auspiciados su mayoría por “los adoradores de la materia” del flanco que sea y que no son otra cosa-ya es tiempo de decirles por su nombre- que los oscurantistas del siglo XX1, renuentes a todo cambio que ponga en peligro su predominio y privilegios. Especialmente las transformaciones que emanan de la expansión de la consciencia y la aplicación del sentido común y ese es el caso del Desarrollo Sustentable, que tiene dentro de sus propósitos frenar y poner fin a esa manera de pensar y actuar que en suma es suicida y que tuvo su razón de ser en un espacio y tiempo determinado de la evolución humana, en donde se carecía de los conocimientos y experiencias que hoy se tienen, los que nos han dado una mayor comprensión de la realidad que conjuntamente  compartimos, de tal modo que la vigencia y continuidad de estos paradigmas ya no tienen como soporte a la justificación, a lo mas una escuálida explicación, por la ignorancia adherente y apegos del orden material, que se reflejan en la forma egoísta como ejercen su poder económico y político. Por lo que vale resaltar que a pesar de los escollos que se han tenido que sortear, los conocimientos que respaldan alternativas de desarrollo y progreso mucho mas alentadoras y beneficiosas que las imperantes, abundan y se fortalecen cada vez mas por razones obvias. Siendo visibles a todos, menos a los que no quieren ver. Y por si fuera poco, también se cuenta con la estructura jurídica ambiental, que en el caso de nuestro país la hay a nivel constitucional hacia abajo y en consonancia con los acuerdos signados por 155 países- entre ellos el nuestro- en la Cumbre de Río en 1992. Los que se han estado refrendando en los eventos de los Protocolos y Conferencias de las Partes celebrados hasta el momento y que si no se han cumplido buena parte de las expectativas que despertaron dichos compromisos asumidos en aquel año memorable, todo apunta a que la verdad acabará por imponerse y es la voz de los jóvenes en la diversidad de ámbitos en que se desenvuelven, la que mas fuerte se escucha para el efecto.

                           Alejandro Jiménez Taboada

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